Hay tecnologías que cambian las reglas del juego de forma gradual. Y hay otras que las reescriben por completo. Las tecnologías cuánticas pertenecen a esta segunda categoría.
En abril de 2025, el Gobierno de España aprobó la primera Estrategia de Tecnologías Cuánticas 2025-2030, con una inversión pública de 808 millones de euros y el objetivo de movilizar hasta 1.500 millones con capital privado. Doce meses después, algunos de los compromisos recogidos en ese documento ya se están materializando en inversiones concretas, acuerdos internacionales y avances dentro del ecosistema español que conviene analizar.
¿Qué son las tecnologías cuánticas?
Antes de entrar en materia, conviene aclarar que las tecnologías cuánticas no son una sola disciplina ni un sinónimo de computación cuántica, aunque ese sea el concepto que concentra más titulares. Basadas en los principios de la mecánica cuántica, que estudia el comportamiento de la materia a escala subatómica, suelen agruparse en tres grandes familias con aplicaciones muy distintas.
La primera es la computación cuántica. A diferencia de los ordenadores convencionales, que procesan información en bits con valor 0 o 1, los ordenadores cuánticos operan con cúbits, que pueden estar en superposición de ambos estados a la vez. Esto les permite explorar múltiples soluciones simultáneamente y resolver problemas de forma más eficiente que un ordenador clásico.
La segunda familia son las comunicaciones cuánticas, que aprovechan fenómenos como el entrelazamiento para transmitir información de manera intrínsecamente segura. Cualquier intento de interceptar una comunicación cuántica altera físicamente el mensaje y resulta detectable. Esto es la base de la distribución cuántica de claves (QKD), un método de transmisión segura que no depende de la dificultad computacional de ningún problema matemático, sino de leyes físicas.
La tercera es la sensórica y metrología cuántica, el área con mayor madurez comercial a corto plazo. Sus aplicaciones van desde sensores médicos de altísima precisión hasta sistemas de navegación autónoma sin GPS y radares cuánticos para defensa.
El punto de partida en España
La Estrategia de Tecnologías Cuánticas 2025-2030 no parte de cero. Arranca de una base de 300 millones de euros invertidos en años anteriores y de un ecosistema que ya había empezado a tomar forma.
El ejemplo más visible es Quantum Spain, lanzado en 2021 con el objetivo de instalar el primer ordenador cuántico de acceso público en España integrado en la red europea EuroHPC. El sistema, ubicado en el Barcelona Supercomputing Center y basado en tecnología de cúbits superconductores, convirtió al BSC en uno de los nodos cuánticos de referencia en Europa.
El tejido empresarial también tiene recorrido. Empresas como Qilimanjaro Quantum Tech, especializada en el desarrollo de hardware cuántico propio, o LuxQuanta, pionera en distribución cuántica de claves comercial, llevan años construyendo propuesta de valor desde España.
A esto hay que añadir los clústeres regionales activos en el País Vasco, Cataluña, Galicia, Madrid y Asturias, la participación española en programas europeos como el Quantum Flagship y EuroQCI y un tejido de centros de investigación con presencia internacional.
Qué plantea la Estrategia y qué avances se han producido
La Estrategia de Tecnologías Cuánticas de España 2025-2030 se articula en siete prioridades, de las cuales dos resultan especialmente relevantes desde el punto de vista de la ciberseguridad: la Prioridad 3, orientada a convertir a España en referente en comunicaciones cuánticas, y la Prioridad 5, dedicada a reforzar la privacidad y la confidencialidad de la información en el mundo postcuántico.
La primera acción llegó en mayo de 2025, cuando el Consejo de Ministros aprobó la creación del Hub de Comunicaciones Cuánticas, con una financiación inicial de 10 millones de euros del Plan de Recuperación. Este hub articula una red de instituciones de excelencia distribuidas por todo el territorio: el Instituto de Ciencias Fotónicas (ICFO) en Cataluña, el Grupo de Investigación en Información y Comunicación Cuántica de la Universidad Politécnica de Madrid, el Donostia International Physics Center y el Instituto de Astrofísica de Canarias, entre otros.
Más tarde, en diciembre de 2025, se destinaron otros 10 millones de euros para el desarrollo de tecnologías cuánticas en sectores estratégicos concretos, entre ellos la ciberseguridad, la salud, los transportes y la sensórica.
El movimiento más reciente tuvo lugar en enero de 2026. A través de la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica (SETT), el Gobierno invirtió 9,75 millones de euros en Nu Quantum, empresa especializada en redes cuánticas nacida en 2018 como spin-out del laboratorio Cavendish de la Universidad de Cambridge. La filial que se abrirá en España trabajará en la industrialización de la Quantum Networking Unit (QNU) y en el desarrollo de circuitos integrados fotónicos (PIC), componentes esenciales para conectar varios procesadores cuánticos en tiempo real y superar uno de los grandes obstáculos actuales del sector: la escalabilidad. Y no es un detalle menor que la CEO de Nu Quantum, Carmen Palacios-Berraquero, sea una física española doctorada en Cambridge.
Todo esto ocurre mientras el ecosistema empresarial español sigue creciendo, con actores como Multiverse Computing, Quside o LKS Next desarrollando soluciones que van desde la criptografía postcuántica hasta la optimización cuántica para industria. Cabe destacar también el Bizkaia Quantum Advanced Industries (BIQAIN), la estrategia industrial de la Diputación Foral de Bizkaia para impulsar la adopción de tecnologías cuánticas en empresas locales. Además, proyectos como APP-TC, coordinado por GAIA y financiado por Red.es al 80% con fondos Next Generation EU, en el que participa CyberLur, ayudan a impulsar la incorporación de tecnologías cuánticas emergentes en la actividad industrial y empresarial.
¿Oportunidad o amenaza?
La mayoría de los sistemas criptográficos que protegen actualmente las comunicaciones digitales, desde los protocolos HTTPS hasta las VPN corporativas y las infraestructuras de clave pública de las administraciones, se basan en problemas matemáticos que son computacionalmente inabordables para los ordenadores actuales. Sin embargo, un ordenador cuántico suficientemente potente, ejecutando el algoritmo de Shor, podría resolver ese problema en un tiempo razonable.
El punto crítico es que ese ordenador no existe todavía con las capacidades necesarias para romper de forma generalizada la criptografía actual, pero el avance tecnológico obliga a prepararse con antelación. Actores con capacidad suficiente, incluyendo servicios de inteligencia estatales, están interceptando y almacenando hoy comunicaciones cifradas con algoritmos clásicos para descifrarlas en el futuro, cuando dispongan de la potencia cuántica necesaria. La estrategia española lo reconoce explícitamente en su análisis de impacto sobre la ciberseguridad, señalando que este riesgo no es solo nacional sino también internacional y que afecta especialmente a infraestructuras críticas y a la soberanía digital.
La Estrategia recoge también un dato del CCN-CERT que ayuda a calibrar el estado de preparación real: el 93,5% de las empresas españolas ya reconoce que la computación cuántica supone un riesgo directo para su organización, pero solo una de cada diez ha comenzado a evaluar el impacto en su infraestructura de clave pública y sus mecanismos de firma digital. Una brecha enorme entre el reconocimiento del problema y la acción.
Avances regulatorios
La respuesta normativa avanza a ritmo sostenido. En agosto de 2024, el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST) publicó los tres primeros estándares definitivos de criptografía postcuántica: FIPS 203 (ML-KEM, basado en retículos), FIPS 204 (ML-DSA) y FIPS 205 (SLH-DSA). En marzo de 2025 añadió un cuarto algoritmo, HQC, como alternativa adicional. Estos estándares no son recomendaciones voluntarias a largo plazo. Marcan la referencia hacia la que deberán migrar los sistemas que manejan información sensible.
En junio de 2025, el Grupo de Cooperación NIS de la Unión Europea publicó la hoja de ruta coordinada para la transición a la criptografía postcuántica, estableciendo tres hitos con plazos claros. El primero, a finales de 2026, exige que todos los Estados miembros hayan completado los primeros pasos: inventario criptográfico, identificación de activos vulnerables, hojas de ruta nacionales y proyectos piloto para casos de uso de riesgo alto y medio. El segundo, en 2030, establece que todos los sistemas clasificados como alto riesgo deben haber completado su migración. El tercero, en 2035, marca el final del periodo de transición para el resto de los sistemas.
ElQuantum Act europeo, que regulará el ecosistema cuántico de manera integral e incluirá la criptografía postcuántica en su ámbito de aplicación, está previsto para 2026. La directiva NIS2 ya incorpora obligaciones relacionadas con la adopción del estado del arte criptográfico que afectan directamente a operadores de servicios esenciales.
En España, el Centro
Criptológico Nacional (CCN) y el INCIBE desempeñan funciones
específicas en la transición. Según recoge la Prioridad 5 de la Estrategia, el CCN acompañará a las
administraciones públicas y a los operadores de infraestructuras críticas en la
migración postcuántica, mediante guías técnicas y marcos de referencia
alineados con las directrices europeas. Ya en diciembre de 2025, GMV y el CSIC
organizaron en el Instituto de Tecnologías Físicas y de la Información una mesa
redonda sobre transición segura a la criptografía postcuántica, con
participación del CCN, Gradiant y otras entidades del ecosistema. Esto
demuestra que la conversación entre el mundo académico y el sector industrial
está activa.
La carrera global por dominar la tecnología cuántica
En computación cuántica pura, las grandes potencias llevan ventaja. Estados Unidos lidera la carrera, en buena medida, por concentrar grandes tecnológicas que impulsan avances en computación cuántica, como Google e IBM. China ocupa una posición destacada, con una elevada inversión pública y liderazgo en publicaciones científicas y patentes relacionadas con comunicaciones cuánticas.
La Unión Europea, aún con mucho recorrido por delante, ha apostado por la colaboración público-privada para impulsar la computación cuántica. A través de iniciativas como European High Performance Computing (EuroHPC), busca consolidar los recursos de los países miembros para liderar la carrera por la supercomputación. Los principales fabricantes europeos de tecnología cuántica se concentran en Reino Unido, Alemania, Suiza, Francia y Países Bajos.
La partida global por dominar la tecnología cuántica sigue abierta y España tiene potencial que debe seguir impulsando para posicionarse como referente: un tejido científico sólido, clústeres activos en el País Vasco, Cataluña, Galicia, Madrid y Asturias, participación en los principales programas europeos y un ecosistema de startups con presencia internacional.
La transición a la era de la tecnología cuántica ya está en marcha. Las empresas, independientemente de su sector, deben prepararse para anticipar los riesgos, entender las nuevas capacidades que traerá esta tecnología y aprovechar las oportunidades que se abrirán para quienes sepan leer el cambio a tiempo.